Tomás Cobos levantó los brazos en El Cadillal y su festejo tuvo sabor a revancha. En el regreso del Supercross a Tucumán después de 31 años, el piloto tucumano se quedó con la victoria en SX2 ante más de 8.000 personas que vibraron a orillas del dique Celestino Gelsi. En un circuito de 600 metros repleto de saltos y adrenalina, no sólo ganó una carrera: selló su vuelta tras una lesión de hombro que lo había obligado a parar dos meses.
El tucumano ganó en una carrera vibrante en la que sostuvo un duelo intenso con el riojano Federico Manrique, que terminó segundo, mientras que Emiliano Carabajal completó el podio. Pero la victoria fue mucho más que un resultado: fue una declaración de carácter.
“Principalmente estoy muy agradecido. Con el equipo, con mi familia, con los sponsors, con todos los que hacen posible que yo pueda estar en una largada nuevamente y desempeñarme de la mejor forma”, contó Cobos. Y enseguida explicó por qué el triunfo tenía un sabor especial. “Me lesioné el hombro hace dos meses, hice un gran trabajo de fisioterapia y poder volver a correr en El Cadillal y ganar ambas mangas me pone muy contento y motivado”, dijo.
La lesión había llegado en Tafí del Valle, durante la primera fecha del Torneo de Verano de Motocross y Enducross, disputada en Ojo de Agua. Un imprevisto en el circuito, un pozo absorbió el impacto entre la moto y su cuerpo, y el golpe fue directo al hombro. No hubo caída aparatosa, pero sí una lesión que lo obligó a frenar.
“En este deporte estar parado un mes significa mucho. Y volver a recuperar cuesta mucho también”, explicó. La rehabilitación incluyó fisioterapia y tratamientos específicos, pero también disciplina y paciencia. “Creo que me caracteriza la perseverancia, no sólo en el deporte sino en lo social, político y laboral. Nunca me di por vencido. Cada vez que me caía, me levantaba y lo volvía a intentar”, indicó.
Cobos no es sólo piloto. También es abogado, escribano, procurador, mediador y legislador provincial. Su vida combina la exigencia del deporte de alto rendimiento con responsabilidades institucionales y familiares. Por eso, cada victoria tiene un peso distinto.
“Esto significa mucho en mi vida, en lo personal y en lo laboral. Son los valores que aprendí y que me caracterizan. Ganar en El Cadillal, con mi gente, con tanto público, me emociona mucho”, afirmó. “Es un deporte ingrato. Podés hacer todo bien y quedarte afuera por una pinchadura o un golpe. Hay que estar preparado física, mental y técnicamente al 100%”, agregó.
No es la primera lesión que atraviesa. Desde los 16 años -edad en la que empezó a competir- sufrió fractura de clavícula, quebradura en una mano y otras lesiones que lo obligaron a parar dos o tres meses. “Para un piloto significa mucho, psicológica y físicamente”, reconoció.
También enfrentó los miedos familiares. “Mi mamá me planteó tres o cuatro veces que dejara de correr, que me cuidara. Es un deporte de alto riesgo y me tocó perder amigos. Entiendo a mis padres y a mi familia cuando surgen esos planteos”, indicó. Pero el amor por la moto siempre pudo más.
La historia empezó en el barrio, con bicicletas y saltos improvisados hechos con palas junto a sus amigos. Un vecino que corría motocross lo llevó a ver una carrera y volvió “totalmente enamorado” del deporte. Su padre, que al principio se oponía, terminó regalándole una moto con una condición clara: entrenarse siempre en circuito, con casco y equipo completo. “El día que te vea andar en moto en la calle, se termina el deporte”, fue la advertencia.
Y Cobos cumplió. Nunca usó la moto fuera de la pista. Y cuando tuvo la oportunidad de competir por primera vez, ganó. Fue campeón ese año y sumó más de 12 títulos provinciales y regionales a lo largo de su carrera.
En 2014 y 2015 hizo una pausa para estudiar. Ingresó a la facultad, se adaptó al ritmo académico y luego retomó la competencia. Hoy intenta equilibrar entrenamientos con su tarea profesional. “No corro de manera profesional al 100%, porque no me lo permite mi trabajo. Lo hago cuando puedo. A veces no tengo una rutina fija de tres días por semana. Lo disfruto también como hobby”, dijo.
Aun así, el año pasado fue campeón cordobés, considerado uno de los niveles más altos del motociclismo argentino. “Ahí sí me esforcé mucho y se podría decir que corrí de manera más profesional”, señaló.
Cobos tiene claro cuál es su gran objetivo
El sueño pendiente es volver al Campeonato Argentino de Motocross. Pero la logística no es sencilla: largas distancias, costos elevados y tiempo de preparación. “La primera fecha se va a Neuquén. Se hace muy difícil, no sólo económicamente sino por el tiempo y el entrenamiento”, apuntó.
Por ahora, la postal es otra: El Cadillal lleno, el regreso del Supercross a Tucumán después de tres décadas y un piloto local levantando los brazos tras superar una lesión reciente. “Sentir cada aplauso, cada abrazo cuando terminé me llenó el corazón”, confesó.
En una provincia que vibró con el regreso del espectáculo motor, Tomás no sólo ganó una carrera. Ganó una revancha personal; y demostró que, a veces, la perseverancia es el mejor combustible.